Mostrando entradas con la etiqueta Israel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Israel. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de marzo de 2008

Malka (parte III)

Mi barrio es la perla de Jerusalén. Un pequeño barrio ultraortodoxo que cuidaba a sus judíos austeramente y los hacía convivir en paz en grandes comunidades que se daban la mano de acera a acera. Es una perla negra como las casas que la componen, negras por el tiempo y por el olvido del mundo secular de sus alrededores, negra como las juntas de las puertas, los recovecos de las calles y las inscripciones en algunos de sus muros, como mi vestido, mi pañuelo más riguroso, mis zapatos, mi bolso antiquísimo, mis ojos... negra como el pasado que habitaba en los corazones y la memoria de todos los que allí estábamos, felices por encontrarnos a salvo y al mismo tiempo cargando con una pesada maleta de recuerdos por los que habrían cruzado los mares a nado de haber sabido de una tierra en ciernes a salvo del odio antisemita. Europa, incluso en la Jerusalén que habita en la mente de un habitante de Mea Shearim, seguía significando para muchos la vergüenza y la pena, el expolio y el exilio, el exterminio y el extravío de las inagotables esperanzas de una convivencia en paz con los cristianos.

Para mí, que oía contar historias de las guerras prácticamente cada día, y a quien se le recordaba continuamente lo que significaba cada cosa que poseía, lo valioso que era poder colgar mi bolso raído del brazo porque significaba que aún tenía un mínimo derecho a la propiedad, la alegría que debía sentir de camino a la sinagoga, cuánto debía apreciar cuanto a mí nunca llegó a parecerme natural... para mí, sólo existíamos mi identidad y yo, dos seres aparte que siempre se encontraban. Continuamente durante la comida, en la galería del templo, paseando o de camino a la escuela o hacia cualquier encargo, me entretenía a hablar con mi identidad, que curiosamente no se me parecía demasiado. A veces, mi identidad declinaba mi invitación y hacía que me las viera con continuos pensamientos de aislamiento incluso dentro de mi nutrida comunidad; hacía que en ocasiones mirara a mi alrededor buscándola, sin que hubiera manera posible de dar con ella durante largo tiempo, y me dejaba huérfana durante semanas, hundida en mis sórdidos pensamientos y obligándome a forzar mi sonrisa. Cuando volvíamos a encontrarnos me resultaba incluso difícil reconocerla y necesitaba hacer verdaderos esfuerzos para volver a bailar con ella en la rutina diaria, necesitaba que me sedujera y devolviera la sonrisa a mi rostro, necesitaba que me hablara, ablandara mi corazón y me llevara de la mano a mis antiguos quehaceres en Mea Shearim. Era entonces cuando me calmaba y mi cabeza dejaba de dar vueltas, cuando podía descansar y sentirme más entera.

Uno de los pocos que daban color al puzzle que era mi barrio, donde todo parecía encajar, era mi primo Shmuel, hermano de Eyal, de Daniel y de Shlomo. Shmuel, de cara y cuerpo espartanos y de mirada cortante y rápida como la de un animal acorralado, era mayor que Eyal pero más joven que Daniel y Shlomo. Era la oveja negra de la familia no sólo por su tez morena resultado de sus escaramuzas con el sol del Néguev, sino también porque fue el primero en dar la espalda a milenios de tradición y a miles de esperanzas puestas en él; entendía que la lucha por un Israel más fuerte se haría desde el socialismo agrario de los kibbutzim y no desde las polvorientas y crujientes sinagogas en las que predicaba su padre. A edad temprana ya tenía su particular opinión sobre lo que él llamaba el ‘sionismo religioso’, y tenía claro que su sionismo tenía mucho más que ver con el de los padres de la nación, Herzl y Ben Gurión, o el de Meir, y que los tsabra y no los judíos jasídicos eran quienes legitimaban el poder y la existencia de un estado que, por otra parte, ni siquiera mencionaba a Adonai en su constitución.

- Qué le voy a hacer –decía Rabbi Alon, cruzando las manos sobre su vientre y moviendo su cabeza de un lado a otro-, al menos no se ha alejado de Baruch Hashem.

- ¡¿En un kibbutz?! – preguntaba mi padre escandalizado.

- Más lejos está la diáspora, y millones de judíos llevan a Adonai en su corazón – contestaba Alon sin mover un solo pelo de su larga barba y sin levantar sus ojos del suelo.

- Espero que no sigan enseñando eso en las yeshivot... – quiso acabar mi padre la conversación

- Lo cierto es que no voy a discutir contigo, aunque como rabino que soy de la comunidad a la que perteneces, debo recordarte que no hay precepto que niegue la libertad a ningún judío de bien.

- Pero la ley de Moisés ordena honrar a los padres

- Me honra, Jeremiah, me honra que mi hijo lleve su alma judía a la esterilidad del Néguev, porque seguro que dará tanto fruto como los cultivos tan famosos que de allí proceden. – y zanjó la breve discusión dejando a mi padre gruñendo para sí y moviéndose incómodo en su butaca de mimbre virgen.


miércoles, 6 de febrero de 2008

Malka (parte II)

Algunos sábados o en la fiesta de sukkot, Eyal solía acordarse de viejos chistes judíos que, como si fuera un anciano, contaba una y otra vez hasta que él mismo se daba cuenta de que nadie reaccionaba ya con la misma carcajada del principio:

- ¿Entiendes? Es humor judío- decía, como si su interlocutor estuviera obligado a apreciarlo por tal condición.
- Es siempre el mismo humor judío- contestaba mi padre, siempre escueto.

Si las horas pasaban sin que nadie hiciera ningún comentario de la Torah o de la Mishná durante ese tiempo de oración, sumido cada cual en un pronto Eyal rompía el silencio y demandaba alguna chanza que rompiera el hielo:

- Por lo que parece las termitas seculares no acabaron con tu justicia judía pero sí con tu humor y tu juicio, que han mermado nuestra posibilidad de crecer en la sabiduría de Adonai, hasta el punto de parecernos alfileres que desgarran el velo limpio y elevado del Shabbat.- dijo mi padre, esta vez en tono más serio.

- Honremos a Adonai, Eyal, olvídate de esas interrupciones laicistas que no saben dividir el tiempo con cordura y aprovecha estas horas de estudio para meter algo en esa cabeza tuya- añadió Rabbi Alon, que siempre me pareció el más anciano y sabio de todo el barrio judío, y a la vez el menos estricto y más bondadoso de los rabinos- ¡y tráeme un poco de jalot! Tus impertinencias me abren el apetito... decía guiñándole el ojo y procurando que su hermano (mi padre) no advirtiera su gesto burlón. Él, sin embargo, le lanzó una mirada inquisitoria que a Alon le provocó una sonrisilla traviesa, casi infantil, sumiéndole de nuevo en la lectura atenta.

Recuerdo aquellos días infinitos como gotas impacientes atrapadas en un viejo grifo estropeado, cayendo con calma y estrellándose contra la superficie sin que nadie pareciera darse cuenta. No importaba que la semana hubiera estado llena de acontecimientos de júbilo o que una pena espesa hubiera cubierto nuestras casas, no importaba que a Rivka se le acumularan infinidad de vestidos que coser para sus innumerables clientas ni que Yael se las tuviera que ver con incontables e insondables partituras, que a veces se me antojaban hormiguitas sobre un lienzo inmaculado. Si no importaba esto ni importaba la necesidad de un paseo por la ciudad, de adelantar trabajo para el domingo, de cambiar las sábanas..., si en Shabbat sólo honraba a Adonai el vestirse con nuestras mejores galas, fortalecer lazos con la comunidad, leer los libros sagrados, recitar el Shema y las bendiciones propias de tan importante día, cantar hasta alcanzar el cielo y mientras tanto poner mente y corazón en las manos de Adonai, entonces el resultado era cualquier viernes en Mea Shearim. Y allí estaba yo, naturalmente, encendiendo las velas semana tras semana, cubriendo mi cara con mis manos y tendiendo un puente entre Adonai y nuestra mesa engalanada de la calle desconocida, vestida de fiesta y ofreciéndonos vino especial para Shabbat, empanadillas, kugel de patata y cebolla, de manzana...; todos estos suculentos alimentos me parecían estar en blanco y negro hasta que una sencilla frase los dotaba de mil colores:

“Bendito seas, Dios nuestro Señor, Rey del Universo, que nos has santificado con tus mandamientos y nos has ordenado encender las luces del Shabbat”

Tras esto, todos sonreíamos y las mujeres esperábamos a que los hombres bendijeran el vino y cantaran, mientras una mujer gentil, con el objeto de que ninguno de nosotros hiciera ninguna labor en tal día, se ocupaba de servir y recoger cuanto íbamos necesitando. Como digo, esto daba luces y sombras a la semana, la hacía revivir con sus cánticos y su guiño de eternidad y trascendencia, y al mismo tiempo la oscurecía con su silencio y su oscuridad (no teníamos luz eléctrica y sólo contábamos con la que nos proporcionaban unos cuantos candelabros estratégicamente colocados y sólo prendidos durante cierto tiempo) El Shabbat era como una novia que cubría con la cola de su vestido a todo el barrio e incluso a Jerusalén en muy buena parte, y que nos adormecía con su vino y con su paz, para irse dejando el rastro de tres luminosas estrellas que daban la bienvenida a la nueva semana. Como una gota de agua. Como una inevitable, omnipresente gota de agua que me dejaba sedienta.

jueves, 31 de enero de 2008

Dígame, Sr. Oz...

Aquí transcribo una entrevista hecha al genial escritor israelí Amos Oz por Juan Sardá en El Cultural, con motivo del Premio Príncipe de Asturias (¡puxa!) de las Letras. Por supuesto, obvia decir que me parece un escritor contemporáneo imprescindible. Allá va:




Quizá ha sido el mismo destino escurridizo que no quiso que el padre de Amos Oz (Jerusalén, 1939) obtuviera jamás una más que merecida cátedra el que ha dispuesto que su hijo, Amos, disfrute de un igualmente ganado reconocimiento universal (sin contar que es también catedrático de Hebreo Moderno en la Universidad Beer-Sheva). Oz brilla hoy como la voz literaria más potente de Israel, sus libros han sido traducidos a más de 25 idiomas y sus opiniones ejercen una gran influencia. Testigo de excepción por su lucidez y compromiso de la historia de un país en el que vio la luz pero no existió como tal hasta ocho años después, cuando la ONU decretó su nacimiento. Es uno de los hechos históricos descritos en primera persona en la monumental Una historia de amor y oscuridad (2003), autobiografía conside- rada la obra capital de su narrativa como lo es Contra el fanatismo (2003) de su producción ensayística. En una conversación con El Cultural Oz habló sobre las claves de su obra y vida, muchas veces al hilo de la recién reeditada Fima, novela que escribió en 1989. Protagonizada por un cincuentón caótico, obsesionado con la política y gran seductor, es uno de sus libros más emblemáticos.


– Tres años después de recoger el Premi Internacional de Catalunya vuelve a España para recoger otro galardón, el Príncipe de Asturias. ¿Se siente ligado a la cultura española?– Siempre he sentido un amor profundo por España e Hispanoamérica. Desgraciadamente no hablo su lengua, pero he leído todo lo que se ha traducido al hebreo. Me siento muy próximo a la literatura hispánica porque tiene una mezcla de humor, tragedia, calidez y transparencia, a veces incluso en el mismo párrafo. Esa combinación entre comedia y drama está muy cerca de mi forma de ver el mundo y también he querido reflejarla en mis libros. Al fin y al cabo, son dos ventanas desde las que observar el mismo paisaje.


– Su visita coincide con la reedición de Fima, casi veinte años después de que usted la escribiera. ¿La tiene muy presente?

– Sí, desde luego. El de Fima es un personaje por el que siempre he sentido una gran simpatía. Aunque sea un desastre, hay una gran dulzura en su vida. Nada puede frustrarle sus ganas de vivir. Me gustó mucho escribir esa novela y desde entonces he tenido a Fima muy cerca de mi corazón.

– Es una novela con muchos elementos característicos de su obra. Por ejemplo, el tema político. ¿Está usted de acuerdo con ese Fima que acusa a la derecha israelí de aprovecharse del Holocausto o incluso compara la actuación del Estado judío con la Alemania nazi?

– Yo sabía que mucha gente se iba a enfadar por esas opiniones. Por supuesto, hubo quien me acusó de utilizar al personaje para decir lo que realmente pensaba. La novela fue un gran éxito de ventas en Israel y, aunque suene ridículo, sé que hay muchas personas que la leyeron sólo para enfadarse conmigo. Yo no comparto muchos puntos de vista de Fima, pero hay algo en ellos que me resulta muy atractivo, que despierta en mí una enorme simpatía. Está relacionado con su propia personalidad. Fima es como un niño, tiene esa inocencia que también le procura mucho éxito con las mujeres.

– Como es habitual en sus novelas, los personajes son lo más importante. ¿Comparte el anhelo de Flaubert de escribir una novela sobre “nada”, sin argumento

Cuando hago ficción, escribo sobre personas, no sobre ideas. Pero que los personajes sean lo esencial de la narrativa no significa que me disgusten las tramas. Al contrario, disfruto mucho con ellas y creo que al lector también le gustan.

– Usted ha dicho que escribe las novelas con una mano y los ensayos con la otra. ¿Tanta diferencia impone un género de otro?

– Cada vez que estoy de acuerdo conmigo mismo al cien por cien, entonces escribo un artículo y le digo al Gobierno que se vaya al infierno. Cuando comienzo a dudar de lo que pienso, entonces me pongo a escribir una novela. La ficción te permite ser más ambiguo, acercarte a la verdad de una forma indirecta, con pequeñas aproximaciones.

– La ficción también permite volar a mundos imaginados. ¿Se siente próximo a ese Fima que tiene problemas para distinguir entre la realidad y la ensoñación?

– Yo soy muy diferente de Fima. Debe quedar claro no sólo eso, sino que tampoco he pretendido hacer ninguna metáfora con él. Aunque es cierto que yo siento esa dualidad entre el mundo de la imaginación y la realidad física. Ambas dimensiones me pertenecen a mí y yo les pertenezco a ellas. Lo mejor es poder pasar de una a otra, hago ese viaje continuamente. Cuando estoy en un lado, en seguida quiero ir al otro.


Oz comenzó su andadura literaria en los 60, mientras vivía en el kibutz de Huda, en el que se instaló tras independizarse de su padre siendo un adolescente y de donde no se movería durante más de 30 años. En esa década ya publicó obras capitales como Donde aúllan los chacales (1965) o Mi querido Mijael (1968). Desde entonces ha desplegado una actividad incesante jalonada por otras obras suyas como La colina del mal consejo (1976), No digas noche (1994) o Una pantera en el sotano (1995) a las que habría que añadir las ya mencionadas y los cientos de artículos periodísticos. Hijo de una familia de intelectuales y profundamente marcado por el suicidio de su madre cuando él tenía doce años, fue uno de los fundadores del movimiento Paz Ahora, creado en 1978 por miembros del Ejército israelí en la reserva. Como militar participó en la Guerra de los Seis Días (1967) y del Yom Kippur (1973).

– De una forma u otra, siempre está presente el personaje de esa madre ausente, muerta de forma prematura mientras el protagonista es un niño. En Fima se llama Carla, que en hebro significa “está frío”. Esa madre cobra un protagonismo estelar en Una historia de amor...

– Para mí, la literatura consiste en invitar a los muertos a tomar café en mi casa para hablar con ellos. Es una forma de comunicar con los tiempos que se fueron, con los que ya no están aquí. Esa sensación la tuve de una forma más fuerte, claro está, cuando escribí Una historia..., pero puede aplicarse a mi forma de ver la literatura en su conjunto.

– La niñez como etapa fundamental en la vida, marcada casi siempre por una tragedia que afectará al adulto de forma profunda. ¿Cree que los artistas están más cerca de la infancia por su propio trabajo?

– Todos podemos tener un niño dentro, sólo que algunos optan por matarlo y otros preferimos mantenerlo vivo. En mi caso, mi actividad literaria está claramente conectada con la infancia. Para empezar, están las historias que mi madre me contaba cuando era pequeño, esas narraciones truculentas, góticas y extrañas, en absoluto adecuadas para un niño como el que yo era. Esos relatos son los que me han impresionado y marcado de una forma más profunda. Ése es un regalo que me hizo mi madre.

– No sólo su madre. En Fima, también parece que hay ecos de ese padre suyo con incontinencia verbal.

– Mi padre no fue la inspiración para Fima en absoluto. Hay una diferencia fundamental entre ambos, mi padre hablaba mucho porque sentía un pánico absoluto hacia el silencio. Sin embargo, en el caso de Fima forma parte de su carácter exuberante. No hay tensión en ello, más bien al contrario, seducción.

– Y de nuevo, hombres que aman a las mujeres. Como su abuelo.

– Sí, desde luego. Tanto Fima como mi abuelo son hommes à femmes. Hombres que tienen la capacidad de seducir a las féminas. Pero en este caso también hay una diferencia fundamental entre ambos. Mi abuelo era un hombre muy rígido para determinados temas, sin ningún sentido del humor y Fima sí lo tiene, es incluso autoparódico.

– El sentido del humor, tan importante en su obra y en su forma de pensar. Usted lo propone como antídoto en Contra el fanatismo.

– Nunca he conocido a nadie que sepa reírse de sí mismo que sea un fanático. Si el sentido del humor se pudiera vender en cápsulas, se arreglarían muy rápidamente la mayoría de problemas en el mundo. Daría un brazo por inventar esas pastillas y ganar con ello el premio Nobel de medicina, no el de literatura. No me fío de esa gente que camina como un signo de exclamación.


– Otra constante, Jerusalén, descrita como una “ciudad manicomio”. Usted nació allí pero vive en Arad, un pueblo pequeño. ¿Se fue huyendo de ese “síndrome de Jerusalén” por el que sus habitantes se vuelven mesiánicos?

– Nunca he tenido ninguna voluntad de convertirme en profeta. A Fima, el pobre, le ha tocado ser el profeta de los taxistas, algo es algo. Es una ciudad muy curiosa llena de intelectuales, mesías y redentores. En el pueblo donde vivo, Arad, todos me conocen y ese tipo de oropeles parecen muy lejanos.

– ¿Y son sus intelectuales “histéricos y llorones” como dice el protagonista?

– Eso no es más que un tópico.

– En Fima no sólo sus ideas son polémicas. También su concepción del aborto. Un tema muy presente pero en cuya polémica no entra.

– Porque, efectivamente, no es una novela sobre el aborto sino sobre la relación de un hombre con el sexo contrario. En este sentido, para Fima el aborto es un favor que se le hace a las mujeres, porque las liberan de cualquier elemento masculino, que detesta. Su forma de ver este asunto es lo que explica la esencia de su personalidad. (Y yo, Cristina, digo: Hablaría yo con Fima de un par de temas, y me parece que su ultrafeminismo destructivo (lo que también podría decirse menos eufemísticamente) es, no la esencia de su personalidad, sino su falta de humanidad)

– ¿Qué retos y ventajas le reporta escribir en hebreo, una lengua que casi no se utilizaba fuera de la religión hasta la creación del Estado de Israel en 1948?

– Como escritor, el hebreo es el mayor regalo que habría podido recibir. Es un maravilloso instrumento musical sobre el que componer. Siento que hay un paralelismo con los escritores en inglés durante la época isabelina, cuando se encontraron un idioma todavía sin formar del todo y que podían explotar al máximo con su imaginación. Me gusta porque no está solidificado y eso me da un gran margen de libertad. Siento la misma relación con mi idioma que un amante desbocado, es como un volcán que siempre está a punto de erupción.

– Usted ha dicho recientemente que existe una oportunidad para la paz pero que ésta sólo puede firmarse con la ANP, que sólo controla Cisjordania. ¿No cree que es arriesgado aislar a Gaza de un pacto?

– Ahora hay un liderazgo israelí que está dispuesto a hacer concesiones, a llegar a acuerdos. Y lo mismo sucede en Cisjordania, donde se ha impuesto la moderación. Creo que es obvio que no podemos pactar con Hamás, que sigue preconizando la desaparición de Israel como su objetivo fundamental, y que no por eso debemos perder la oportunidad de pactar con una parte importante de los palestinos. Lo que no quiere decir que no me preocupe lo que sucederá con Gaza.

– Después de tantos años de conflicto entre árabes y judíos, con un desgaste tan enorme, lo lógico es que haya cansancio por ambas partes. ¿Cree que la fatiga puede ser una fuerza para la paz?

– Quizá la principal. La fatiga es un excelente generadora de acuerdos y tratados de paz. No sólo en las guerras entre países, también en nuestra vida cotidiana, en las propias familias. Efectivamente, tanto judíos como árabes estamos exhaustos después de tantos años de conflicto, y esa sensación juega una baza importante a favor del acuerdo. Claro que hay que tener en cuenta que los fanáticos lo son precisamente porque nunca están cansados.


– Para terminar, usted cambió su apellido por el de Oz, fortaleza. ¿Le ha servido de algo?

– Cuando lo hice realmente necesitaba mucha fuerza para poder emanciparme de mi padre y emprender una nueva vida. Fue una época en la que precisaba coraje y valentía. Pasado el tiempo, soy incapaz de decir si ese nombre tuvo algún efecto, pero entonces yo desde luego pensaba que lo tendría.

domingo, 5 de agosto de 2007

Libros históricos y narrativos

En las ediciones católicas de la Biblia, esta sección agrupa 16 libros muy diversos que abarcan desde la entrada en la tierra prometida (finales del s. XIII a. C.) hasta la resistencia de la familia de los Macabeos a los reyes de Siria (principios del s. II a.C.). Los acontecimientos históricos más notables que se incluyen en este “capítulo” son:

- La conquista de Palestina
- La actuación de los Jueces
- Los reyes de Israel
- El cisma o la división política y religiosa (veamos reminiscencias en la actualidad de Oriente Medio...)
- El destierro de los israelitas a Babilonia
- La vuelta del destierro
- La reconstrucción del templo de Jerusalén
- Resistencia de los Macabeos a la dominación siria.

Estos 16 libros pueden agruparse en grupos como los siguientes, que incluyen los libros cuyos nombres son además más conocidos:

1.Historia Deuteronómica (JOSUÉ --- JUECES --- 1 y 2 SAMUEL --- 1 y à 2 REYES) Se llama así porque, al parecer, bastantes autores piensan que el Deuteronomio es el comienzo de una gran obra de historia religiosa que empieza en Josué y termina en el segundo libro de Reyes. Estos libros tuvieron un tiempo de redacción muy amplio, que abarca desde tiempos de la conquista hasta los últimos tiempos del destierro en Babilonia.

La Historia Deuteronómica forma parte de los libros proféticos (Neviim) en la ordenación hebrea de la Biblia. Se les conoce con el nombre de “profetas anteriores”, para distinguirlos de los “posteriores” (Isaías, Jeremías, Ezequiel y los 12 profetas menores), y se atribuyen a Josué, Samuel y Jeremías.

Esta Historia Deuteronómica es el fruto de una escuela de hombres piadosos que sacan una lección religiosa al meditar sobre el pasado de Israel, y conservan tradiciones y textos de la época de la conquista de Palestina, relatos clave de la historia de Israel, etc., pero la mayoría de la historia contiene las ideas que plagaban el Deuteronomio.


2.Historia Cronística (1 y 2 CRÓNICAS, ESDRAS y NEHEMÍAS) En los 4 libros que la componen hay una semejanza de estilo, y se llaman así porque su contenido es como una crónica de la historia de la salvación, escrita antes del 300 a.C. por un solo autor. Lo principal de estos 4 libros es la preocupación por la reflexión religiosa, aprovechando así los hechos históricos para probar ideas religiosas.

3.MACABEOS (Libros 1 y 2): 2 versiones complementarias de las hazañas de esta familia.

4.Libros de TOBÍAS, JUDIT y ESTER: no cubren períodos históricos largos, sino que son relatos de episodios concretos.

viernes, 20 de julio de 2007

Deuteronomio

El peligro constante de la idolatría acecha al pueblo de Israel. Las civilizaciones paganas de los grandes imperios le atraen. Por eso, en un momento de peligro para la nación y para la fe de Israel, se escribió el Deuteronomio (lit. "segunda ley"), que es una meditación ferviente sobre el pasado de este pueblo. "Recuerda" (Yizkor) y "Amarás" son las palabras clave de este libro: Recuerda, Israel, tu asombroso pasado, guarda en tu corazón (lit. "recordar")la historia de las maravillas que Dios ha hecho contigo y ama al Señor con todo tu corazón. Posteriormente, la Iglesia recordará esta historia a la luz del Espíritu Santo y del nuevo mensaje de Cristo.

sábado, 30 de junio de 2007

Números- BeMidbar



Este libro continúa la narración interrumpida en "Éxodo". Mezcla el relato de la vida de Israel en el desierto (motines, protestas, hambre y sed) con listas de nombres, censos de población, oráculos y leyes. Los acontecimientos pueden agruparse en torno a tres lugares: el monte Sinaí, el desierto de Cadés y las llanuras de Moab.

El silencio y la soledad del desierto favorecen el encuentro entre el pueblo de Israel y Dios, y por eso se recordará siempre esta larga permanencia en el desierto: los profetas verán en esto el tiempo en que Dios y su pueblo vivieron el amor. Sin embargo, el desierto también fue el lugar de la prueba y la tentación: en él, Israel aprenderá a hacerse pobre y tomar conciencia de su humildad. Sin recursos propios y alimentado con el maná, experimenta la certeza de que su vida depende de Dios.

Todos los hombres necesitan del silencio y el desprendimiento para encontrarse: el pueblo de Israel en el desierto será el símbolo de todo hombre que recorre esta vida buscando a Dios.

Levítico- VaYicrá

Este libro contiene gran cantidad de normas y leyes que los sacerdotes de la tribu de Leví tenían que conocer, practicar y enseñar. Comenta detalladamente cómo tienen que hacerse los sacrificios de animales, las ofrendas vegetales, las ceremonias de culto... Además, da normas para la vida familiar, sacerdotal y social, e indica cómo se celebran las fiestas a lo largo del año. El cristianismo va más allá con muchas de estas preocupaciones (carta a los Hebreos), pero podemos sacar fruto de su lectura en cualquier caso: que el hombre vive en un mundo donde todo habla de Dios, porque las cosas son signos de Él. También se ve el deseo del pueblo de Israel de encontrarse con el Señor y vivir en su presencia; el esfuerzo que hace para serle fiel, y el hecho de que el trato con Dios lleva tiempo y necesita preparación del corazón: se aprende a orar con todo el cuerpo, porque no basta con el recogimiento interior (si esto se traduce a la teología cristiana, es la idea de que la mortificación es la oración del cuerpo) Se ve también que el nacimiento, crecimiento, enfermedad, el amor fecundo, el servicio y el arrepentimiento son grandes ocasiones de encuentro y comunión con Dios para el creyente.

lunes, 25 de junio de 2007

Éxodo- Shemot


Los hechos que enmarcan los relatos del éxodo se refieren a una época (XIV a.C.) en que Egipto atravesaba una crisis política, y donde pueblos poderosos constituían una amenaza desde fuera del país, con el añadido de los disturbios que los emigrantes semitas (descendientes del patriarca Sem) provocaban desde dentro. Para restablecer la situación, un general egipcio dio un golpe de estado, fundó la XIX dinastía, instala la capital en el delta del Nilo y emprendió construcciones de defensa y urbanización, para lo cual necesitó mucha mano de obra, mucha de ella tomada de los israelitas, entre otros. Moisés, egipcio de origen hebreo, no acepta esta situación de trabajos forzados y, en tiempo del faraón Ramsés II y Menefta arrastra a su pueblo hacia el desierto, donde organiza su vida y prepara la conquista de Canaán. Ésta tendrá lugar una generación más tarde con Josué al frente.

Literariamente, el libro del Éxodo es una épica de la liberación (narración basada en hechos reales en torno a los que se crea esta épica de liberación), compuesta con variedad de estilos: narraciones, leyes, poemas heroicos y oraciones. Esta manera de narrar expresa una profunda fe en la intervención especial de Dios. Pasa como con el Cid: el del "Cantar" es distinto del de la historia, pero su verdad humana es la que perdura, la de un hombre sagaz y esforzado, fiel al rey, a su fe y a su pueblo.

En el éxodo se distinguen varias partes:

1. VOCACIÓN DE MOISÉS
2. SALIDA DE EGIPTO: el paso del Señor y el paso del mar Rojo.
3. LA MARCHA EN EL DESIERTO
4. LA ALIANZA EN EL SINAÍ
5. LA IDOLATRÍA DEL PUEBLO

La revelación fundamental del Éxodo es Dios, que elige a Moisés y revela su nombre, guía a su pueblo por las penalidades del desierto, establece con su pueblo una alianza, da su ley y sigue fiel a lo pactado aunque los hombres lo abandonen.

Estos temas se organizan en torno a dos grandes acontecimientos: la Pascua (Pésaj) o salida de Egipto y la Alianza en el monte Sinaí: ambas hicieron nacer a Israel como pueblo santo de Dios: Dios no es sólo el "Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob", sino también "el Dios que nos hizo salir de la tierra de Egipto, de una casa de servidumbre". Con los milagros del Éxodo, lo que el autor pone de relieve es la especial intervención de Dios en estos hechos que hacen palpable su poder y su amor. En sentido bíblico, "milagro" es todo acontecimiento que manifiesta el poder de Dios.

Así, tales hechos deben llevar a un mejor conocimiento de Dios, pues impulsan a alabarle y darle gracias. Olvidarlos, por el contrario, lleva a la infidelidad.

domingo, 24 de junio de 2007

Génesis- Bereshit



La Biblia comienza con una afirmación de fe: "Al principio creó Dios el cielo y la Tierra"... ¿Cómo pudo Israel llegar a semejante afirmación? El motivo fue el seguimiento de un camino de lenta reflexión -guiada por Dios- sobre su propia historia.

Israel sabe que el de los padres le ha librado del poder de Egipto y no le ha abandonado durante la dura prueba, y también sabe que Dios es quien conduce su destino y ama a Su pueblo. La experiencia de los beneficios de Dios le hace darse cuenta y afirmar con fe que el Señor de la historia es también el del cielo y la tierra. Israel alcanza esta convicción antes del destierro en Babilonia, pero es a la vuelta de éste (cuando se redacta definitivamente este libro) cuando aparece esto más claramente.

El primer relato del Génesis, sobre la Creación, fue escrito por un redactor versado en las tradiciones sacerdotales, catequista y poeta a principios del s. V a.C. El autor sagrado ha compuesto artificiosamente el relato repartiendo los días en dos series: una primera serie de 3 días en los que Dios separa (la luz de las tinieblas, las aguas de arriba de las de abajo, las aguas de lo seco y la tierra de la hierba que germina) y una segunda con 3 días precediendo al descanso y donde adorna la serie anterior (con las luminarias o astros, las aves y los peces, los animales, el hombre varón y mujer, rey de la creación...). Al final, Dios descansa: según la traducción literal "hizo el sábado". Toda esta distribución pone de manifiesto la intención del autor de fomentar el reposo sabático: Él descansó como deben hacer también los hijos de Israel.

Saber qué se quiere decir con esta narración es tener la clave para interpretar la Biblia. El autor no da ninguna explicación científica sobre los orígenes del mundo, ni lo pretende, sino que quiere que el creyente admire y dé gracias a Dios por un universo tan bello. El relato es una obra maestra de la poesía religiosa y una confesión de fe que lleva a la oración.

Desde el punto de vista literario, parece ser que las solemnes ceremonias litúrgicas celebradas en el templo de Jerusalén tuvieron influencia en la redacción de este texto: hay estribillos que se repiten como letanías (dijo Dios, vio que era bueno...), vocabulario común... El mensaje religioso es muy rico y cubre varios puntos:

1. La Palabra poderosa de Dios crea y ordena, y pone paz y armonía. Crea vida. Llama a las cosas que son para que sean, y todo lo que existe lo ha hecho su Palabra. Dios es el Creador del mundo y el Señor de la historia.
2. Toda la creación es buena, porque Dios (el único Bueno) la ha hecho, y todos participamos de su bondad. También dado que Él ama a sus criaturas, quiere la vida y no la destrucción: se nos ha confiado para perfeccionarla.
3. El hombre es el rey de la creación, y el pasaje que narra su creación tiene un marcado carácter optimista (En Gen 1, 27 la mera mención de tener algo de Dios hace trascendente la esencia humana: "Creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó varón y hembra"), además de no existir aún evidencia de pecado. El hombre es rey porque es imagen de Dios: hay un abismo entre el hombre y el resto de lo creado, porque el hombre conoce, ama, es consciente de que Dios le habla y puede responder (que es orar). Ésta es su dignidad y su responsabilidad: así, por ejemplo, quien trabaja para que sean eficazmente reconocidos los derechos del hombre da gloria a Dios. Además, "varón y hembra", "hombre y mujer", la pareja humana es imagen de Dios por su entrega y amor fecundo: la familia puede reflejar algo del misterio del amor que hay en Dios: son una comunidad de personas unidas en el amor y que crean vida. Es también rey porque domina la creación: su dominio sobre los animales y la tierra manifiesta también que es superior al resto de las cosas creadas. El hombre debe aprovechar los recursos de la naturaleza como cumplimiento de la invitación del Creador.

Además, toda la Sagrada Escritura está animada por un gran dinamismo: para el cristiano, este dinamismo va desde el Génesis hasta la nueva creación en Cristo, a la luz de quien conocemos definitivamente en el misterio de esta Palabra creadora (Jesús como el Verbo de Dios)

martes, 24 de abril de 2007

HaTikvah (Hope)




Israeli National Anthem- Himno Nacional de Israel - Israeli nationale Hymne

ארץ אשר יהוה אלהיך דרש אתה תמיד עיני יהוה אלהיך בה מרשית השנה ועד אחרית שנה

"A land for which the Lord your God cares; the eyes of the Lord your God are always on it, from the beginning even to the end of the year"

"Tierra de la cual Yahvé tu Dios cuida; siempre están sobre ella los ojos de Yahvé tu Dios, desde el principio del año hasta el fin"

"Ein Land, auf das der Herr, dein Gott, achthat und die Augen des Herrn, deines Gottes, immerdar sehen vom Anfang des Jahres bis an sein Ende"

(Deut. 11:12/ 5. Moses)

HAPPY BIRTHDAY ISRAEL!!!!!!!! beYom Haatsmaut :)

For Yom HaZikaron, see also: http://www.youtube.com/watch?v=rEGUPlhtMWQ and http://www.youtube.com/watch?v=m5sE4BaoCcMhttp://www.youtube.com/watch?v=m5sE4BaoCcM

domingo, 15 de abril de 2007

YOM HASHOAH


Hoy, para la memoria, es un día triste. Para todos. Es un día que no han llegado a ver todos los que perecieron a la sombra del ejército alemán de la vergüenza, pero en el que sus familiares aún los recuerdan por quiénes fueron, lo que significaron, y lo que su muerte ha supuesto para todo un pueblo. Por estos seis millones de judíos, hoy Yom Hashoah o día del Holocausto, y por todos los que no volvieron a ver la luz más allá de los muros de los campos de concentración nazis dispersados por la Europa dominada, se ha inaugurado en Madrid un monumento a las víctimas de la masacre y para -como aparece inscrito en hebreo en el propio monumento- que toda la humanidad "recuerde". Allí, junto a quienes nos emocionábamos con la oración del Kaddish (foto superior) y con los versos de Elie Wiesel, estaban el Presidente de la Comunidad Judía de Madrid (Jacobo Israel Garzón), el Rabino de la Sinagoga Masortí de Madrid (Moshe Bendahan), el embajador de Israel en España (Víctor Harel), el Defensor del Pueblo (Enrique Múgica), la concejala Ana Botella... pero pese a tantas caras conocidas, toda la atención estaba centrada en el recuerdo de millones de almas libres que se vieron reducidas, sino al olvido, sí al más absoluto de los desprecios: la incertidumbre y el destierro de toda chispa humana y divina. Voy a citar al respecto unas palabras de Primo Levi, superviviente italiano de Auschwitz y autor de una interesantísima trilogía autobiográfica:


Si esto es un hombre


Los que vivís seguros

en vuestras casas caldeadas.

Los que os encontráis, al volver por la tarde,

la comida caliente y los rostros amigos:

considerad si es un hombre

quien trabaja en el fango

quien no conoce la paz

quien lucha por la mitad de un panecillo

quien muere por un sí o por un no.

Considerad si es una mujer

quien no tiene cabellos ni nombre

ni fuerzas para recordarlo.

Vacía la mirada y frío el regazo

como una rana invernal.


Pensad que esto ha sucedido;

os encomiendo estas palabras.

Grabadlas en vuestros corazones

al estar en casa, al ir por la calle,

al acostaros, al levantaros;

repetídselas a vuestros hijos.

O que vuestra casa se derrumbe,

la enfermedad os imposibilite,

vuestros descendientes os vuelvan el rostro.



Que la estrella de David, que mira al cielo desde el monumento, ilumine el camino para que, como sugiere Levi, podamos ser hombres y mujeres libres y vehículos de paz. Shalom.